Desde pequeña, Anita ha sido reservada. Nunca ha sentido la necesidad de destacar. Pero eso no le impidió crecer, rendir o liderar. Su motor ha sido siempre el amor por el juego, el respeto por el equipo y el compromiso con lo que hace.
«He aprendido que hay que poner todo lo que tengas. A lo mejor no es suficiente, pero que se quede uno tranquilo con poner lo máximo.»
«Me gusta que las jugadoras que están conmigo estén tranquilas para poder ser ellas mismas.»
«Si no disfruto, no puedo ser yo.»
«No me gusta transmitir lejanía. Prefiero liderar siendo yo, sin miedo.»
«Siento que cuando estoy tranquila, puedo poner lo mejor de mí a un equipo.»
“Conviértete en espacio seguro”
Haz una lista de personas con las que te sientes tú al 100% y qué te hacen sentir así.
Crea un mantra personal sobre lo que te hace ser tu mejor versión”.
Crea un ritual pre partido donde conectes contigo antes de conectar con el equipo.
«La excelencia no es algo fijo. Siempre hay algo que puedes mejorar, y está en tu mano intentarlo cada día.»
«La excelencia se mide en la parte interna, de decir: he dado mi 300%.»
«No poner excusas. Siempre tener la mentalidad de que se puede mejorar.»
«He aprendido a centrarme en lo que depende de mí.»
Entrena como si la excelencia dependiera de hoy
Haz una lista diaria de acciones que sí dependen de ti.
Evalúa tu día con la pregunta: ¿Di mi 300%?
Escribe una excusa que solías poner y lo que harás en su lugar.
«Un espacio donde yo, y todas, podamos poner lo mejor de nosotras.»
«Yo no he sentido lo mismo con todo el mundo, por eso sé que no quiero que las demás sientan eso conmigo.»
«No soy de dar grandes discursos, pero siento que lo que hago impacta en otras.»
«Si no estoy bien, no soy yo. Y si no soy yo, no puedo dar lo mejor al equipo.»
Observa cómo impactas cuando no hablas. ¿Qué acción tuya contagia sin que te des cuenta?
Crea tu “espacio seguro” en el vestuario: identifica lo que necesitas para ser tú.
Escribe tu estándar personal de respeto, humildad y trabajo. Y revísalo cada semana.
«Hay momentos muy complicados en las lesiones, y ahí aprendí a pedir ayuda y estar bien rodeada.»
«Pensar que siempre hay algo peor, y sacar lo positivo de cada lesión. Me ayudó a entender mi cuerpo como aliado.»
«Intento hacer todo lo que está en mi mano cada día. Aunque no llegue, no me reprocho nada.»
«Hacer todo lo que puedas, sin excusas. Y si no es suficiente, que te quedes tranquilo.»
«Entreno para mantenerme, porque el fútbol sala necesita continuidad.»
«Si estás bien contigo misma, puedes dar lo mejor al equipo.»
«Tu cuerpo como reflejo de tu mentalidad.»
Diseña un checklist post-entreno para cuidar cuerpo y mente.
Crea un diario de sensaciones físicas y emocionales.
Haz un “ritual de autocuidado” cada semana que no tenga que ver con rendimiento.